C U E V A

Según López de Haro, en su "Nobiliario Genealógico", el antiguo solar de esta familia fue en Castilla y León, en la Merindad de Campos. Pero añade el citado tratadista, que la más conocida de sus líneas, la más calificada y principal, fue indudablemente la que se estableció en Úbeda, cuando esta ciudad fue ganada a los moros de cuya línea procedió el famoso Beltrán de la Cueva, primer Duque de Alburquerque.

 "Fue -dice López de Haro- uno de los más privados caballeros que tuvo el serenísimo rey D. Enrique IV, y el que más secretos supo de su pecho. D. Beltrán de la Cueva, hijo de Diego Fernández de la Cueva, Vizconde de Huelma, y de la Vizcondesa Dña. Mayor Alonso de Mercado, su mujer, vecinos y naturales de la ciudad de Úbeda, de quien hay memoria en la Crónica del serenísimo rey D. Juan II, cuyo título   de  Vizconde  de   Huelma,   hubo   su  hijo  D.  Beltrán  siendo mayordomo de éste Príncipe D. Enrique,al cual le fue tan grato, que de su muy larga y liberal mano recibió muchas y crecidas mercedes y estados con los más honoríficos títulos y prerrogativas que los gloriosos reyes, sus progenitores, acostumbraban a dar, según escribe Hernando del Pulgar en su "Claros Varones" diciendo que este Príncipe amaba mucho a sus criados, dándoles y engrandeciéndoles, de manera que lo vino a hacer Conde de Ledesma, estando en su villa de Madrid en el año 1472".En lo que se refiere al también genealogista D. Francisco Piferrer escribe que: "Fue tan íntima y estrecha la privanza que tuvo D. Beltrán con el referido rey D. Enrique IV, que no sabiendo este como enaltecerle y ensalzarle, con la debida anuencia del Papa Pío II, le nombró Maestre de la Orden de Santiago. Prevenidos ya los grandes y los prelados contra D. Enrique, por sus desórdenes y debilidad, acabaron de disgustarse con este nombramiento y era inminente una cruel guerra intestina si D. Beltrán no hubiese, generosamente, renunciado a tan alta dignidad, no por cierto por miedo pues era el más valiente caballero de su tiempo".

Ciertamente se lee que en el año 1480, sostuvo cerca de Madrid, una justa contra todos los caballeros de la corte de Castilla, saliendo vencedor de cuantos osaron medir con él sus armas. D. Beltrán renunció a ser maestre de Santiago buscando la paz y el orden en el reino. Y por eso, el rey D. Enrique en recompensa a su abnegación, lo hizo duque de Alburquerque. Esto es cuanto sobre este personaje escriben los tratadistas citados. Pero guardan silencio sobre el episodio más importante en la vida de este caballero. Un hecho que, por la trascendencia que tuvo en la historia de España no puede, ni debe, silenciarse: y nos estamos refiriendo al episodio conocido como aquel que se refiere a Juana "la Beltraneja". Al morir el rey Enrique IV, la sucesión en el trono correspondió en línea directa a su hija Juana. Fue una princesa desgraciada cuyo nombre va unido al ominoso apodo de "la Beltraneja". Jurada como heredera del trono por las Cortes en el año 1462, muy pronto se convirtió en la víctima de la lucha entre el poder de la Corona y la ambición de determinados nobles, encabezados por Juan Pacheco, marqués de Villena y Alfonso Carrillo, arzobispo de Toledo. Estos dos personajes, basándose en los rumores sobre una supuesta impotencia de Enrique IV, hicieron correr la especie de que la princesa Juana no era hija del rey, sino de los amores habidos entre Don Beltrán de la Cueva y la esposa del monarca, la reina Juana de Portugal. Fue una acusación que no presentó prueba alguna de suveracidad, pero sí lo suficiente para que Juana fuera rechazada como bastarda lo que, de acuerdo a la opinión de aquella nobleza, aliada con el arzobispo Carrillo, impedía su subida al trono. Causa cierto asombro pensar que, los nobles castellanos no habían tenido el menor empacho en reconocer como rey a un bastardo, comprobado que además alcanzaba la Corona de Castilla mediante el regicio al asesinar con su propia mano al legítimo soberano, el rey Pedro I. Ahora, rechazaban a una princesa bajo el pretexto de la bastardía, sin existir pruebas que avalasen tal acusación. El rey Enrique IV, también es verdad que no estuvo a la altura de las circunstancias, se mostró titubeante, sobre todo si se tiene en cuenta la presión que, sobre él ejercieron los dos anteriores citados personajes, el marqués de Villena y el arzobispo Carrillo, que llegaron a alzarse en armas contra él, apoyando a su hermano, el infante Alfonso. En 1470, la princesa Juana fue rehabilitada en sus derechos por su padre, el rey Enrique IV, pero la muerte del monarca impidió que Juana se afianzase en el trono. Casada con Alfonso V, de Portugal, desencadenó una guerra civil, en la que resultó perdedora, Juana rechazó la proposición que se le hizo de separarse del portugués y casarse con el príncipe Juan hijo de los Reyes Católicos. Para resumir: acabó obligada a ingresar como monja en el convento de Santa Clara. En toda esta historia, subyacía la envidia que la nobleza sentía hacia D. Beltrán de la Cueva, por el favor que el rey Enrique le hacía. A resultas de ello, Juana pagó culpas que seguramente no tenía, ya que lo de la bastardía jamás pudo probarse, pasando a la historia como Juana "la Beltraneja".

Probó numerosas veces su nobleza en las ordenes militares. D. Enrique IV concedió en 1462, el título de Conde de Ledesma a D. Beltrán de la Cueva al que hizo Duque de Albuquerque en 26 de Noviembre de 1464. D. Felipe III creó Marqués de Bedmar en 1614 al Cardenal D. Alfonso de la Cueva, Señor de Bedmar; Grandeza de España en 25 de Mayo de 1702 al IV Marqués D. Isidro de la Cueva y Benavidez. D. Lope de la Cueva y Guzmán fue creado Conde de Guadiana el 12 de Junio de 1711.

Este apellido que está íntimamente ligado con Cuevas, es decir tan sólo los separa la "s" final, cuenta entre sus miembros numerosos caballeros que se hicieron famosos por sus hazañas. Entre ellos, se cuenta de uno que enfrentado a trece moros, no sólo no se atemorizó ante la superioridad numérica de sus adversarios, sino que los embistió con tan singular arrojo que hizo cundir el pánico entre los sarracenos, hasta el punto que los venció a todos, dándoles muerte. Es por esto, que esta rama de la familia, lleva escudo distinto a los que generalmente llevaron los "Cueva".

 

ARMAS

Las armas que aquí damos como correspondientes a este apellido, son las que señala Avilés en su "Ciencia Heróica", al indicar que corresponden a las de los Duques de Alburquerque: En campo de plata, un losange de gules, cargado de un castillo de oro, cantonado de cuatro leones rampantes, de gules.

Julio de Atienza les da las siguientes armas: Escudo mantelado: 1º., de azur, con tres flores de lis de oro; 2º., de oro, con dos palos de gules, y el mantel de plata, con un dragón de sinople. Bordura de gules con ocho aspas de oro.

En lo respecta a las armas de D. Beltrán de la Cueva, fueron las siguientes: Escudo cortinado: lº. y 2º., de oro, con un palo o bastón de gules; 3º., de plata, con un dragón de sinople en ademán de salir de una cueva. Bordura de gules y ocho aspas de oro.

Otros, usaron: En campo de plata, trece roeles de gules, en memoria del igual número de moros que mató el Caballero que ya hemos citado anteriormente. Estas mismas armas portaron los "Cuevas".

En azur, un león, de oro, resaltado de una faja, de gules.

 

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 BIBLIOGRAFÍA

 


 

 

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